Como medio catalana medio francesa poder disfrutar de mis dos culturas en un sitio como este es un gusto. En pleno barcelona este pequeño restaurante me recuerda mis orígenes y con unas crêpes deliciosas. Crêpes de verdad, no como dicen en otros sitios que luego no saben como una crêpe típica de francia. El lugar es pequeño pero con encanto y te hace sentir como si te escaparas durante unas horas en algun pueblectio de francia. El servicio es rápido y bueno y la comida de una calidad excelente a muy buen precio. Por la noche hacen un menu de 22 euros con mucha cantidad y calidad. Lo recomiendo.
Es un rincón tranquilo y agradable al que hacia tiempo que no venía y me alegró ver que continúa después de tiempo igual, con un trato muy amable y haciendo unas crepes deliciosas, que puedes escoger entre una gran variedad de rellenos y que no encontraras en otros restaurantes.